El traspaso generacional en la empresa familiar: un reto estratégico y emocional
Los desafíos más significativos que enfrentan las empresas familiares en su gestión suelen derivarse de la falta de formalización de acuerdos, reglas de operación y mecanismos claros de participación de los miembros de la familia. Esta ausencia de estructuras definidas reduce la capacidad de prever el rendimiento a largo plazo y, en muchos casos, pone en riesgo la continuidad del negocio.
Entre estos desafíos, el traspaso generacional se presenta como uno de los momentos más críticos. El Parlamento Europeo ha señalado que “asegurar un liderazgo familiar competente a lo largo de varias generaciones constituye una de las principales preocupaciones de las empresas familiares”. Y las cifras lo confirman: mientras el 40% de estas organizaciones consigue superar la transición de la primera a la segunda generación, solo entre el 10% y el 15% logra llegar con éxito a la tercera.
Este riesgo no es inevitable, sin embargo, una estructura sólida de gobierno familiar y corporativo incrementa las posibilidades de éxito en el relevo generacional. Cuando existen reglas formalizadas, mecanismos claros de rendición de cuentas y procesos que empoderan a las nuevas generaciones, la transición se vuelve más ordenada y sostenible.
En este sentido, es esencial involucrar a los miembros de la familia en una estructura de toma de decisiones que permita la emergencia de nuevos proyectos, promueva la participación real en el negocio y descentralice la toma de decisiones. Este enfoque no solo mejora la agilidad y la efectividad, sino que además favorece un liderazgo más democrático y legitimado.
Una familia empresaria alineada es aquella que ha definido reglas claras y acuerdos formales sobre temas claves como la gestión del negocio, la sucesión, la preservación del patrimonio común y la diversificación de inversiones. Esto permite que las nuevas generaciones se integren no solo como herederos, sino como emprendedores respaldados por la familia, potenciando tanto su visión estratégica como sus competencias personales y profesionales.
Para lograr ese alineamiento, es necesario contar con herramientas concretas, como la definición de un Reto Norte, es decir, una visión estratégica compartida y una estrategia familiar e institucional que sirva como guía para la toma de decisiones a largo plazo.
La gobernanza familiar no solo protege el negocio, sino que fortalece los vínculos familiares. Una buena estructura de gobierno contribuye a mantener la armonía entre los miembros, reduce conflictos y elimina barreras que dificultan el aprovechamiento de oportunidades futuras.
